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Calki en diario El Mundo

Hace 60 años, en septiembre de 1958, un episodio produjo gran impacto en las páginas del diario El Mundo. Estuvo protagonizado por Raimundo Calcagno (Calki), el crítico de cine del periódico. Esta vez, le había tocado figurar en titulares tras participar como jurado en el primer Festival de Cine Argentino de Río Hondo.

Texto: Julián Gorodischer/ Imagen: Mariana Sapriza

Calki escribía habitualmente en las mismas páginas en las que brillaron Roberto Arlt, Alberto Gerchunoff y Conrado Nalé Roxlo. En El Mundo, impuso un estilo distanciado de los intereses de las distribuidoras de cine. Era prolífico y didáctico, y conocido por la mordacidad de su prosa y la severa exigencia de su juicio crítico.

Aquella vez, invitado a integrar la primera y promocionada edición del Festival Internacional de Cine de Río Hondo, destinado a potenciar el perfil turístico de la localidad termal, se anunciaba como atractiva novedad la participación en la Competencia oficial de Una cita con la vida, dirigida por el cantante y cineasta Hugo del Carril, basada en la novela Calles de tango, de Bernardo Verbitsky.

Del Carril la había rodado íntegramente en escenarios naturales, y su trama es la historia de amor entre dos adolescentes, hijos de padres que no apoyan el vínculo, en una ciudad que los expone a todo tipo de acechanzas. El film llegaba al festival con gran expectativa, y con dos promocionadas “caras nuevas” que harían aquí su primer protagónico en cine: los actores Gilda Lousek y Enzo Viena.

En la ceremonia de anuncio de los ganadores, en la sala del Cine Termas, Calki fue el encargado de dar a conocer el fallo: “El primer premio quedó desierto”, anunció. Se produjo una espontánea protesta en la sala. “Ninguna de las películas concursantes, pese a sus méritos parciales, reúne las características necesarias para optar a un primer premio”, siguió.

Habían pasado por alto a Una cita con la vida. Hugo del Carril hizo un ademán de correr hacia el escenario para golpear a Calki. El actor Alberto Dalbes amagó con seguirlo. La actriz Malisa Zini incentivaba el griterío desde las butacas. Los más exaltados querían sumarse a Dalbes e ir por el jurado.

 

El gobernador de Santiago del Estero, Dr. Eduardo Miguel, tomó la palabra y pidió: “Cuarto intermedio de media hora”, que se prolongó a tres horas. El jurado volvió a reunirse, adujo que no fue su intención la búsqueda de confrontación y resolvió entregar el primer premio a “Demasiado jóvenes”, de Leopoldo Torres Ríos subiendo un puesto, también, a “Procesado 1040”, de Rubén Cavallotti, y a “Una cita con la vida”, que se quedó con el tercer lugar. La solución no conformó a nadie.

Al día siguiente, la crítica de El Mundo -esta vez no firmada por Calki- fue tajante: “El director da en todo momento la sensación de creer que el folletín que filma es en realidad un enfoque de la juventud argentina (…). Somete a los intérpretes al ‘clásico estilo argentino’: miradas lánguidas, gestos puestos antes de decir la frase, tonos modositos en ella, tonos falsos en él”. “El pueblo allí presente –publicó Radiolandia, unos días después- hizo causa común con quienes protestaban”, bajo el subtítulo “repudio vehemente”, escrito en mayúsculas.

Pasada casi una semana, cuando el tema parecía saldado, Hugo del Carril fue invitado a la audición “Pantalla gigante”, de Radio Splendid, y allí lanzó contra Calki: “Fue una manifestación canallesca y arteramente elaborada por un oscuro personaje de pluma venenosa e intenciones aviesas”.

Inmediatamente, las redacciones del diario El Mundo y la revista El Hogar (pertenecientes a la editorial Haynes) se solidarizaron con Calki. La solicitada con sus firmas –y con la intelectualidad completa de la época- puede consultarse en la Biblioteca y Centro de Documentación del Museo del Cine. Allí se dice: “Hugo del Carril parece ignorar que los fallos de un jurado deben acatarse o ser apelados por las vías que aconseja el buen sentido, no organizando represalias contra un miembro del tribunal, ni agraviando a un periodista de probada responsabilidad y jerarquía moral”.

A pedido del propio Calki, fue conformado un tribunal de honor en la Asociación de Cronistas Cinematográficos –integrado por Edmundo Guibourg, Roberto A. Tálice y Samuel Eichelbaum- que terminó fallando a favor del crítico. Con esa iniciativa, Calki buscaba aval de la corporación periodística de su tiempo frente a lo que consideraba “actos reñidos con las más elementales normas de civilidad”.

Poco después, otra nota de balance de El Mundo sepultaba la suerte del Festival de Río Hondo: “Terminado en atmósfera tempestuosa, no ha resultado un aporte beneficioso para la industria nativa”, escribió una pluma no identificada. Calki no se había sentido respaldado por sus autoridades frente a la agresión de del Carril, cercano a los funcionarios.

 

Finalmente, Calki presentó una demanda en un juzgado correccional contra “el señor Hugo Fontana, popularizado bajo el nombre artístico de Hugo del Carril”. En el expediente –de cuyos fragmentos da cuenta una serie de artículos del ’58 –preservados en la Biblioteca del Museo- se dice que “con el fin de hallar una solución pacificadora al clima de tensión creado en Río Hondo a raíz de la reacción de Hugo del Carril, el jurado reconsideró su primera decisión otorgando el primer premio (que estaba desierto) a la película que había merecido el segundo”, lo cual subía una posición (de cuatro a tercer premio) al film Una cita con la vida, de Hugo del Carril. No obstante, en una audición radial, del Carril reincidió en sus ataques verbales al crítico”.

Calki estimó el daño moral causado por la actitud injuriosa en 50 mil pesos y pidió que se condenase al querellado al pago de la misma, y en caso de prosperar la querella se comprometió a donar la suma a la Asociación para la Lucha contra la Parálisis Infantil (ALPI).

En la cena de respaldo que se celebró en su honor en los salones del Círculo de la Prensa, ante la presencia solidaria de Beatriz Guido, Lautaro Murúa, y los directivos de El Mundo, La Prensa y La Nación, Calki disfrutó de la amistad y los avales.

Carlos Hugo Christensen tuvo a su cargo el segundo de los discursos de aquella velada consagratoria: “Siento vergüenza y orgullo –declaró-. Vergüenza porque somos sólo seis los representantes del cine nacional que estamos aquí, y orgullo por ser uno de esos seis”.

mariana
maru.sapriza@gmail.com