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El gran divulgador

Texto: Pablo De Vita

Entre febrero de 1972 y mayo de 1976, el crítico Jorge Miguel Couselo dirigió los destinos del recién creado Museo del Cine. Couselo ya era un reconocido periodista e historiador que había trabajado en varios e importantes medios. Su labor –como la de muchos grandes nombres– no era autocrática, sino que se ponía de relieve en la gestión y en su legado. Muchas de esas gestiones contribuyeron a la salvaguarda de la memoria del cine argentino incluso con la creación de un museo: el Museo del Cine “Pablo C. Ducrós Hicken”.

En Septiembre de 1974 Jorge Miguel Couselo era entrevistado por el Diario Clarín. El fruto de ese encuentro redundó en una –hoy impensable- nota de tapa del suplemento de Espectáculos y un titular que definía la visión del entrevistado: “Aplicar criterio museológico para resguardar el pasado del cine argentino”. En esa charla de manera informal Couselo contaba detalles de la creación del Museo del Cine: “El Museo Municipal del Cine es el más nuevo de los ocho museos que tiene la Municipalidad de Buenos Aires. Depende de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad y se creó por decreto de la misma hacia fines de 1971. Su creación fue curiosa, a partir de la donación que hizo la viuda de Pablo C. Ducrós Hicken de la extensa colección de proyectores antiguos de su marido a la Municipalidad. Entre ellos se encuentra una de las primeras cámaras de Lumière, un proyector Pathé de 1906, la cámara con la que filmó Mario Gallo “El fusilamiento de Dorrego” y que, según se dice, también fue utilizada por Ferreyra y Julio Yrigoyen, y hasta una cámara que perteneció a Florencio Parravicini, que fuera un gran aficionado”. En rigor, Couselo se desentendía de su gestión ante la Municipalidad para que todo aquello se llevara a cabo. Según reza el expediente fundacional, Couselo fue el nexo para diligenciar la carta que Jacinta Vicente de Ducrós Hicken dirigió en 1969 al entonces intendente de la Ciudad de Buenos Aires Manuel Iricíbar, y para que la gestión prosperara concretándose mediante la ordenanza firmada el 1° de Octubre de 1971 por el intendente Saturnino Montero Ruiz, dando nacimiento al Museo del Cine. Es desde 1975 cuando el organismo lleva el nombre del investigador, ensayista, crítico, artista plástico y coleccionista sobre cuya colección fundacional fue acrecentándose la salvaguarda del patrimonio cinematográfico argentino.

Claudio España, Jorge Couselo, Irene Morack y Salvador Sammaritano.

Antes de su llegada a la dirección del entonces Museo Municipal del Cine la labor desplegada por Couselo sorprende desde varias aristas, como el periodismo (redactor de Editorial Codex, prosecretario de espectáculos de Correo de la tarde, crítico de Todo, Leoplán, Heraldo del Cine, Panorama, y colaborador de Vea y lea, El Hogar, Teatro Libre, La Gaceta Literaria, Espiga, El Mundo, Lyra, Extra, Máscara, Teatro XX, Cine 64, Tiempo de Cine, Todo es Historia, La Opinión, Filmar y ver, entre otras publicaciones donde se incluyen algunas de España e Italia. También había sido profesor en la Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata y cubrió diversos cargos de relevancia en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Desplegó su labor desde 1957 en radio y televisión, entre las que se cuentan Radio Antártida, Municipal, El Mundo y Belgrano. Sus frutos como investigador ya redundaban en diversos trabajos sobre la época muda del cine argentino y directores que admiraba como Mario Sóffici, Leopoldo Torres Ríos y José Agustín Ferreyra. Cineclubista, fue miembro fundador del Centro de Investigación de la Historia del Cine Argentino y miembro del Bureau Internacional de la Association de Recherche sur l’Histoire du Cinéma. Fue un apasionado del cine y, ante todo una personalidad ética en el ejercicio de la función pública: fue el primer director del Museo del Cine, entre 1972 y 1976, luego circunstancialmente –y por unos meses- cumplió iguales funciones en el Centro Cultural General San Martin, al que renunció por las listas negras elaboradas por el Proceso. Pero su despedida de la función pública fue de enorme valía al ser nombrado en 1984 interventor del Entre Nacional de Calificación Cinematográfica, el temido organismo de censura creado por el gobierno de Onganía en 1968, pero que desde agosto de 1974 cobró triste fama en la dirección del censor Miguel Paulino Tato. Couselo cumplió con celeridad la tarea de disolver el organismo censor y en tan sólo unos meses el sistema de calificación de films pasó a ser uno de los más avanzados de la región. En esa ocasión tampoco olvidó al Museo del Cine, todos los guiones que debían pasar el filtro censor hoy conforman una de las áreas más importantes del organismo. Por obra del destino, el hijo de Couselo, Jorge Miguel Couselo (h), se encarga de ese importante legado patrimonial: “me remonto al año 1972, yo tenía 14 años. Los primeros recuerdos del Museo son, una pequeña reunión inaugural posterior a la conferencia brindada por Leopoldo Torre Nilsson sobre su padre. Las primeras oficinas estaban en el tercer piso del Centro Cultural San Martín y en el cuarto se hicieron las primeras funciones que ofrecía el Museo. Recuerdo los fines de semana colaborando en el armado de las exposiciones de fotos que acompañaban esos ciclos con las dedicadas a José Gola o Carlos Schlieper. Era todo muy a pulmón y muy precario. Me acuerdo de Lucas Demare viniendo a las funciones de su propio ciclo homenaje trayendo sus propias copias en 16mm que, celosamente, se llevaba enseguida al finalizar la función. También me acuerdo de una reunión privada a la que vinieron Torre Nilsson, Demare y Mario Sóffici que se quedaron charlando hasta tarde. Era un clima de trabajo muy lindo, agradable y familiar. En la sala A-B del San Martin hubo varios éxitos. Se llenó con las películas de Gardel, con el homenaje a Demare en la función de Hijo de Hombre que vino Olga Zubarry, en el homenaje a José Gola cuando se proyectó Mateo con la presencia de Daniel Tinayre. En la sala Muiño se daban las copias en 16mm y las de 35mm se proyectaban en la sala A-B”, confirma Couselo (h).

En 1986 se le rindió un homenaje a la trayectoria en la Sala E del Centro Cultural San Martín. Hablaron Javier Torre, René Mugica, Gerardo Vallejo y Clara Fontana. Asistieron los directores Alejandro Doria, Oscar Barney Finn, Juan José Jusid, Osvaldo Andéchaga, Antonio Ber Ciani, Enrique Dawi, Carlos Orgambide, Edmund Valladares, Eduardo Calcagno, Simón Feldman y Américo Ortíz de Zárate; los escritores Aída Bortnik, Carlos Gorostiza y Emilio Villalba Welsh; los actores Golde Flami, Arturo García Buhr, Aída Olivier, Cipe Lincovsky, María Rosa Gallo, Jorge Rivera Lopez y amigos del cine como Salvador Sammaritano, Juan Carlos Fisner, Carlos y Helba Ferreira, Berta Esión, Carlos Landini y Luis Angel Bellaba. También Ben Molar, Salvador Saldías y Luis Ordaz fueron de la partida. René Mugica recordó entonces: “Cuando tuvo por misión liquidar el organismo estatal más siniestro que padeció nuestra libertad de expresión, lo hizo simplemente, sin alharacas pese a que con ello se cumplía un objetivo perseguido desde el momento mismo de su creación”. También estaban Rolando Fustiñana y Guillermo Fernández Jurado, sus sucesores en la dirección del Museo del Cine. “Si hablamos de mi padre debo decirte que le gustaba pero tampoco tuvo el apego a la silla de funcionario. No lo tuvo en el Museo del Cine ni tampoco en el Ente de Calificación Cinematográfica que disolvió rápidamente. Iba a la función pública pero sin buscar apoltronarse en el sillón. Eso me parece bueno de destacar”, confirma Jorge Couselo (h).

Emilio Zolezzi, Lucas Demare, Mario Sóffici y Jorge Miguel Couselo en un brindis en el Museo del Cine.

El 16 de Julio de 1982 Couselo publicó en El Heraldo del Cine una nota de reflexión sobre su participación en el Seminario Latinoamericano de Archivos e Imágenes en Movimiento realizado en México en coincidencia con el XXXVIII Congreso de la Federación Internacional de Archivos de Films (FIAF). Anotaba en su “memoria cinematográfica” las palabras del alemán oriental Wolfgang Klaue, entonces presidente de la FIAF: “Los países del tercer mundo no deben depender, para la preservación de sus films, de las naciones desarrolladas (…) Es un peligro que el patrimonio fílmico cultural sea resguardado por las naciones industrializadas”. Agregaba Couselo en su reflexión que: “Adviértase en esto una invitación utilitaria: los archivos fílmicos en países sub o mal desarrollados han de asumir limitaciones”. Conocía como nadie la necesidad de preservación del patrimonio cinematográfico como asiduo concurrente a las funciones que la Asociación Argentina de Coleccionistas de Films realizaba los últimos miércoles de cada mes y cuyo presidente era un joven Enrique Bouchard. A Couselo lo impresionó siempre un recuerdo de juventud, cuando Mary Pickford visitó la Argentina –invitada al Festival de Cine de Mar del Plata del ‘54- y ofreció varios miles de dólares para adquirir una colección que la había deslumbrado. Eran los aparatos cinematográficos que poseía Pablo C. Ducrós Hicken.

Con las gestiones de Fernández Jurado y Roland la cercanía de Couselo fue constante (aprovechaba por caso para saludar a todo el personal del Museo con motivo de las fiestas y acercaba siempre importantes donaciones patrimoniales); con la de José María Poirier se convirtió en hombre de consulta permanente y con la llegada de David Blaustein a la dirección del Museo del Cine consiguió reeditarse una labor señera, en reedición corregida y aumentada, su libro El Negro Ferreyra, un cine por instinto. En su prólogo a esa edición, Manuel Antín expresaba: “Es tan minucioso el estudio sobre Ferreyra que realiza Couselo que sorprende redescubrir algo que parecía olvidado en el fondo de algún cajón. Para eso sirven los libros y los trabajos documentados tan generosamente. Para mantener la vida por los tiempos y los tiempos en un mundo perdurable de papel”. Recordaba Paraná Sendrós en el número de Junio de 2001 de la revista Criterio que: “El domingo 13 de Mayo, sintiéndose mal, le pidió a su hija que lo ayudase a recorrer su biblioteca. Se detuvo ante los cuadros de Greta Garbo y Agustin Ferreyra, saludó a su esposa, y se acostó. Eso fue todo. Había nacido el 14 de Abril de 1925. No era viejo, pero fumaba mucho, y vivía en la Argentina”. El Museo del Cine tributa su memoria y conserva un legado patrimonial envidiable gracias a la labor, muchas veces casi silenciosa, de quien se despidió de la función pública con un autentico manifiesto en favor de la libertad: luego de cumplir su tarea en el Ente de Calificación Cinematográfica elaboró un exhaustivo informe con los 727 filmes prohibidos o cercenados entre 1969 y 1983. “En la arbitrariedad de la censura no hay que excluir responsabilidades compartidas entre la voluntad represiva de sucesivos gobierno autoritarios y ciertos discrecionalismos privados, despreocupados de la integridad de la obra cinematográfica”, anotaba Couselo en la presentación de ese informe. Obra cinematográfica que fue voluntad de análisis, divulgación y preservación como fruto de sus desvelos.

Jorge Couselo conversando con Homero Alsina Thevenet, detrás de anteojos, Alberto Kipnis, en el cine Lorraine.