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El Museo, abierto a todos los sentidos

Un grupo de no videntes llega, esta tarde, al Museo del Cine. Se trata de una visita especial, en el marco del Taller de Cine Latinoamericano y Español de la Escuela General San Martín, de jóvenes y adultos ciegos y disminuidos visuales, del barrio de Caballito. Sólo uno de los visitantes había escuchado hablar, vaga y lejanamente, del Museo del Cine. El área de Comunidad y Educación –con voluntad inclusiva- les preparó una actividad especial para que disfruten usando el oído y el tacto.

 

Texto: Julián Gorodischer/ Fotos: Mariana Sapriza

 

Ahora, el grupo se encuentra en los depósitos. Eloísa Solaas, Peri Azar, Ana Sáenz y Carla Bassi –las integrantes del área- permiten que recorran el lugar y toquen algunas de las 65 mil latas que aquí se atesoran. Expresiones de asombro. Entusiasmo. Ganas de seguir recorriendo.

El grupo siente, enseguida, el olor a vinagre, y siente el frío; hoy sabrán cuánto espacio físico ocupa, por ejemplo, la película La hora de los hornos, y también el que involucra un noticiero de diez minutos. Pocos minutos después, ya se han desplazado. “Los condujimos a la Cineteca –describe Eloísa Solaas, la coordinadora del área-, y ahí lograron un contacto manual más cómodo con los materiales”. Saben, ahora, en qué enorme medida el trabajo del staff de Cineteca tiene relación con el tacto y con el olfato.

Hernán Fernández los ayuda a comprender los diferentes grados del deterioro de una película. “Del grado 2 al grado 5 –dice- el olor se va haciendo cada vez más fuerte, al punto de producir irritación o dolor de cabeza. A partir del grado 3, el material se comba sobre sí mismo -se barquilla-; se convierte en una especie de fideo enrollado, y hay problemas al tacto, como la cristalización, que hace sentir astillas o polvillo en los dedos”.

Le da la razón Silvia Fernández, del grupo de la Escuela 34: “Las películas buenas se sienten suaves como la textura de una diapositiva; cuando está más deteriorada, se siente acartonada. Uno de los rollos se percibe duro como una roca”. “Les facilitamos rollos de película enteros –enumera Solaas-, una empalmadora, un carrete vacío y la plana, que consta de dos platos que giran.”

Ricardo, uno entre los visitantes, logra rebobinar una película de 16 milímetros en pocos segundos, y se merece aplausos que el resto le dedica.

En la sala de moviolas, les permiten manipular una gran moviola donada por el montajista Juan Carlos Macías, con la que se editó –entre otras- La historia oficial; es un aparato de gran complejidad con varios rodillos y seis platos. Silvia Fernández lo compara con el aspecto interior de una videocasetera. Luego, escuchan un fragmento del archivo sonoro “Ritmos guaraníes”, ejecutado por Félix Cardoso y su conjunto. Silvia ríe. “Estoy maravillada: no sabía que el audio iba separado de la imagen. Nos han mostrado una película solamente en su parte de audio, es increíble”.

Eloísa da comienzo a la última parte del recorrido: les pasan unos archivos sonoros de Niní Marshall, Floren Delbene, Tita Merello, Libertad Lamarque y Paulina Singerman, de una serie de entrevistas del Museo del Cine realizadas en los años ’70, a cargo de Guillermo Russo y Andrés Insaurralde. “Fue un juego muy interesante –evalúa la docente Paula Rodríguez-; teníamos que escuchar las entrevistas e identificar a los actores. Eran de la época en que algunos de los alumnos todavía veían el cine (los que perdieron su visión siendo adultos). Reconocieron a Lolita Torres, a Niní Marshall…”.

“Trabajaron –explica Damián Romano, coordinador de la Audioteca del Museo- con entrevistas que hizo el Centro de Documentación del Museo del Cine, a fines de los años ’70, a personalidades del mundo del cine, muchas de las cuales estaban en edad avanzada, como Niní Marshall, Tita Merello, Floren Delbene y Lucas Demare. Son conversaciones relajadas, de tono biográfico, con un anecdotario que es difícil de encontrar en otro registro”.

Según afirma Peri Azar, integrante del área, “cada paso de la visita se orientó a que los no videntes amplificaran su percepción del mundo. La clave fue ayudarlos a percibir lo material, a identificar al tacto los distintos niveles de deterioro, y sería bueno continuarlo –en el futuro- con un plan de actividades para este tipo de usuarios”.

El momento final encuentra al grupo conversando sobre “la necesidad de que existan más películas con audio-descripción (la descripción auditiva de los aspectos visuales de un film). Durante las sesiones del Taller de Cine, es la propia docente quien les hace –delicada y amorosamente- la audio-descripción de cada película que miran.

Silvia, que hace poco disfrutó de una función especial de Refugiado, de Diego Lerman, “muy bien audio-descripta”, sugiere una opción que provoca entusiasmo: que el Museo colabore con la audio-descripción de algunos films. Hay acuerdo en que esa “primera posible película” sería Esperando la carroza, de Alejandro Doria, por la pasión que les despierta. Cierra Paula Rodríguez: “Todavía hay un largo proceso por delante para que ese derecho, que está garantizado por ley, crezca y haga que el cine sea disfrutable también para los no videntes”.