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En camino hacia la reapertura

4 de noviembre de 2017. Es una jornada especial: un primer respiro, apenas el anticipo de la que será la muestra permanente del renovado Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken, cuando se inaugure en diciembre próximo.

Texto: Julián Gorodischer/ Fotos: Mariana Sapriza

Los visitantes a La Noche de los Museos tuvieron la oportunidad de espiar el espacio que será relanzado dentro de muy poco, cuando queden abiertos al público también el primer piso y una sala de exhibición cinematográfica equipada para la proyección de materiales audiovisuales en soporte digital y fílmico.

“Recibimos un total de 16.775 visitantes –contabiliza Pablo de Vita, jefe de Prensa del Museo-, con un caudal especialmente notable entre las 23 y la 1 am del domingo”. “El perfil fue variado –sigue-, y abarca desde un grupo de boy-scouts que esperaron la apertura de puertas a las 20, puntual, hasta un público más familiar que llegó ya más entrada la madrugada, en coincidencia con la visita del cineasta francés Michel Gondry, que acompañó a la comitiva encabezada por el ministro de Cultura, Angel Mahler, y el director general de Patrimonio, Museos y Casco Histórico, Guillermo Alonso”.

 

 

 

Empieza el recorrido. Todo se narra desde los antecedentes del cine, como la linterna mágica, y se prolonga hacia los años recientes del cine nacional. Apenas al llegar, la instalación visual Línea de tiempo –diseñada en soporte multimedia por Agurtzane Urrutia-, habilita en el público ese dejarse llevar propio de las imágenes en movimiento, que se mantiene durante todo el circuito.

Junto con la Línea, algunas citas literarias seleccionadas de textos de Roberto Arlt, Edgardo Cozarinsky y César Aira, entre otros autores argentinos, sirven como prólogo para lo que viene: el encuentro con el nuevo auditorio adaptado a una diversidad de proyecciones en soportes de 35 mm, 16 mm y digital -apto para unos 60 espectadores-, con un sistema central de refrigeración para ambas plantas y un uso racionalizado del espacio que ha permitido ampliar el metraje destinado a exhibiciones.

Según Paula Félix-Didier -directora del Museo-, “van quedando pocos auditorios en los que se puedan ver los tres soportes, y el Museo tenía que cubrir ese vacío. La idea es, próximamente, disponer de mecanismos de reproducción de absolutamente todos los soportes, incluyendo linterna mágica, que tiene un tipo de proyección que resulta magnética. Esta sala de proyección es el nuevo corazón del museo reinaugurado”, explica.

El flamante recorrido, organizado en forma cronológica, permite asistir a un relato lineal que empieza revisando –bajo curaduría de la jefa de Museología, María del Carmen Vieites, junto con Andrés Levinson, Sebastián Yablon, Eloísa Solaas, Francisco Lezama y Raúl Manrupe, y con la participación de Carolina Cappa, Damián Romano, Juan Francisco Gacitúa, Fabián Sancho, Julieta Sepich, Florencia Giacomini, Javier De Azkue, Valeria Kriletich (quien colaboró en el Diseño) y la productora El Pampero Cine- los hitos de las primeras dos décadas del siglo XX, incluyendo la cámara con que se filmó Nobleza gaucha (1915) y el desarrollo de las empresas productoras Cinematografía Valle, Glücksmann, Cinematografía Filippini, Colón, junto con el proceso de transición al cine sonoro.

“El desafío –sintetiza Valeria Keller, gerente operativa de Museos- era que se hiciera presente la magia. En el cine, se apaga la luz y aparece algo que nunca sabemos a dónde nos llevará. El equipo del Museo -del cual forman parte Valeria Pedelhez, Leandro Varela, Federico Verde, Graciela Mazza, Gabriel Travaglini, Marcela Russomano, Gladys Rodríguez, Jorge Couselo, Roberto Bedirian, María Marta Notaria, Alan Sanfurgo, Celeste Castillo, Marcela Santiso, Andrea Nagy, Javier Flores, María Angélica Crespo, Amalia De Grazia, Douglas Machado, Romina Spinsanti, Constanza Volpin, Gabriela Solís, María José Méndez, Edgar Ariel Piloni, Diego Ariel Rodorico, Beatriz Quintana, Roxana de Tomaso, Evelyn Heidel, Karina Luchetti, José Novoa, José Méndez, Leandro Ortiz, Alacahan Hayrabet, Pamela Vázquez, Ignacio Balconte, Hernán Fernández Cardón, Ernesto Benítez, Roberto Ricardo Matos y Josué Jesús Flores Medina- hizo un trabajo hermoso, y emociona escuchar a la gente recordar a Mecha Ortiz, a Niní Marshall, a través de sus afiches y vestuarios. Es la historia que vuelve y se hace presente de una manera contemporánea”.

 

Objetos e imágenes. En una segunda instancia –que idearon y plasmaron Leandro Listorti, Yablon, Levinson y Vieites-, el guión pone en foco a la irrupción del sonido, y la fervorosa circulación de las revistas Radiolandia, Sintonía y Cine Argentino. También, el florecimiento de los grandes estudios y productoras, como Argentina Sono Film, Lumiton, San Miguel, Baires y E.F.A, que dominaron la producción a través de una variedad de géneros, principalmente comedias, melodramas, policiales y reconstrucciones históricas.

Para el investigador Raúl Manrupe, que colaboró en todo el proceso de guionado, “acá la palabra ‘permanencia’ es muy importante. El cine está vivo en muchas pantallas, en muchas máquinas de todo tipo. La gente se sorprende en el contacto con una cámara Lumiere, o ante un programa de mano, o frente a un boceto de Gori Muñoz o un escrito firmado por el censor Miguel Paulino Tato: todo es impactante; transmite una idea y un momento de nuestro cine para repensarlo de muchas formas diferentes”.

La fotógrafa Mariana Sapriza pudo asistir –para realizar un fotorreportaje que podrá verse en la página web del Museo- a esas últimas 48 horas del montaje que arrojaron el resultado que se ve hoy. Lo describe como si se hubiera tratado de un proceso de rodaje cinematográfico. “De pronto llegaba Douglas Machado (del equipo de Conservación) con las cámaras y ubicaba en la vitrina la ‘linterna mágica’ –hecha de cámara oscura, lámpara y lentes de aumento-, o aparecían sus compañeras María Angélica Crespo y Amalia De Grazia, con el traje de montar utilizado por Mecha Ortiz en Madame Bovary (1947), y todo confluía como si fuera una película hecha de las imágenes en movimiento y los objetos, funcionando en conjunto para dar forma una realidad ensoñada”.

De la labor incansable de estas últimas semanas, a cargo del equipo de Conservación (Crespo, De Grazia y Machado), surgió la versión final del afiche de la película Las aguas bajan turbias (1952), dirigida por Hugo del Carril, que -por estar hecho en collage y acuarela, y con una rajadura importante era “muy difícil de abordar”- hoy es vivido como un triunfo en sí mismo. Dice Douglas: “Tuvimos que sacar toda la mala restauración realizada anteriormente y empezar de nuevo. No se podía adelantar el tiempo de secado porque sale mal”. Antes, había sido fundamental la labor del equipo de Catalogación (Spinsanti, Volpin y Solís) que, en todo momento, colaboró y facilitó la búsqueda de imágenes en el archivo fotográfico del Museo, a lo que se sumó el continuo y constante trabajo de digitalización de las mismas a cargo de Victoria Alfonso. Todos ellos proveyeron la base sustancial que permitió generar, después, las gigantografías y los videos.

Luego, llegan los films innovadores en temática y lenguaje, la obra de Leonardo Favio, los realizadores emblemáticos del cine político –desde Fernando “Pino” Solanas a Raymundo Gleyzer- y la democratización que involucra la expansión del formato Super 8 y su consecuente estallido de cine amateur.

Se exhiben, también, los años de la dictadura y las secuelas de la censura, la recuperación democrática en íconos como La historia oficial o Camila, que tematizaron la experiencia de la violencia estatal y resultan fundamentales para revisar aquel pasado. Más tarde –con supervisión de Eloísa Solaas y Francisco Lezama-, Pizza, birra, faso, acta de fundación del Nuevo Cine Argentino. Los contemporáneos: Alejandro Agresti, Martín Rejtman, Esteban Sapir, y las Historias breves. Las escuelas de cine y la transformación formal y narrativa del cine industrial, vista a través de Caballos salvajes, Comodines, Nueve reinas y El secreto de sus ojos, entre otras películas.

En la flamante primera planta, la que será la primera muestra temporaria alojada en el nuevo sector: Gori Muñoz, la escenografía y el exilio, que –según Pablo De Vita- motivó una gran cantidad de mensajes con felicitaciones en el libro de visitas. “El público respondió muy positivamente, en particular hacia esa exposición, que contó con la presencia de su hija María Antonia Muñoz”.

Esa hija, María Antonia, lo recuerda con palabras que retratan otra época: “Gori, mi padre, siempre buscó cosas nuevas, una forma diferente de trabajar. Era muy creativo y esforzado. Acá verán parte de los decorados de La dama duende, Las aguas bajan turbias, Rosaura a las diez, que llaman la atención por el cuidado del detalle y la minucia que delatan. Cada boceto es una historia, que cualquiera podrá imaginar tan sólo mirándolo. Era la época en que los técnicos eran conocidos. Los tiempos han cambiado, y ya la gente no ve ni vive el cine de la misma manera. Ese era un tipo de creación más artesanal”.

Germán Monti, que participó en la producción Santo y seña de los símbolos tardíos, junto con los artistas Mano Leyrado, Boris y Paola Mattos, dice que “aquí, se mezclan formas del audiovisual contemporáneo que modifican la percepción del tiempo y el espacio. Visuales en vivo, monitores de televisión con imágenes en cámara lenta y la posibilidad de dejar un mensaje para el futuro son parte de esta experiencia”.

En uno de los rincones de Santo y seña…, la instalación Delay dio lugar a una “cápsula del tiempo”, con un antecedente en la que Rodolfo Hermida propuso en 1992 (que se abriría después de 500 años, con registros de entrevistas a personalidades de la ciencia y la cultura), pero aquí, en cambio, destinada a preservar grabaciones en VHS con testimonios del público, que respondió con un deseo y una pregunta a ser revelados en La noche de los Museos 2022. “Las preguntas que más aparecieron fueron si Mirtha Legrand seguirá en pantalla dentro de cinco años, o deseos para que en esa época estemos en paz y prosperidad”, sintetiza.

En esa misma planta, se desarrolla el Laboratorio de cine pintado, por primera vez en la sede reinaugurada. Bajo la coordinación del equipo del área Comunidad & Educación –que integran Eloísa Solaas, Peri Azar, Ana Sáenz y Carla Bassi- los chicos, y cada vez más adultos, pudieron realizar sus propias secuencias de animación y cine pintado, trabajando directamente con distintas técnicas y tipos de tinta sobre material fílmico transparente de 16mm y 35mm.

Carla Bassi destiñó, durante la semana, películas con agua y lavandina, para sacarles la emulsión y para que quedara una cinta virgen sobre la cual los chicos pudieran pintar durante la jornada del 4. Ahora, los chicos trabajan con marcadores indelebles, tinta china, laca vitral sobre el acetato; se dejará secar y se empalmará y luego proyectará cada dos horas hasta las dos de la mañana. “La consigna es: expresen lo que quieran –cuenta Carla-; se les brindan elementos para el armado de una secuencia, trabajando sobre la repetición y la variación leve de tamaño y forma para ayudarlos a hacer lucir su trabajo cuando éste sea proyectado. Les dijimos: pinten en vertical, no en horizontal, y en secuencia, para que pueda rendir durante la proyección”.

Sebastián Yablon, jefe del área de Contenidos, advierte que “fue un trabajo preciso, en tiempo récord, encabezado por la gerente operativa de Museos, Valería Keller, junto con Paula Félix-Didier, directora del Museo del Cine. El equipo de Conservación asumió un rol fundamental, poniendo a punto los afiches, los objetos, los bocetos, las cámaras. Mi rol era cotejar la instancia múltiple y diversa del montaje con el guión para que no hubiera desfasajes de texto o imagen”.

Con el énfasis puesto en generar una experiencia de visita amena e interactiva, haciendo uso de las nuevas tecnologías para facilitar y ampliar el acceso a su acervo patrimonial, el Museo del Cine dio la noche del día 4 un paso importante en busca de la continuidad de sus objetivos: inspirar la imaginación, promover el disfrute y propiciar la reflexión crítica a partir de la preservación, exhibición y estudio del arte, la tecnología y la historia del cine en la Argentina.

En el balance, Valeria Keller siente que “fue una apuesta arriesgada: había que partir de un buen guión, lo cual implicó una maceración de casi un año. Había mucha información y había que lograr una comunicación sintética. Por eso ideamos un sistema de cédulas extendidas que aportan mucha más información más allá de cada epígrafe”..

Paula Félix-Didier suma: “Durante el proceso que culmina hoy fuimos achicando, editando información, como en el cine, y eso le da mucha consistencia a lo que mostramos. El visitante se lleva una imagen y una sensación: se encuentra con la historia del cine en un contexto amable, atractivo, informativo. Uno se ve, se descubre, en el cine de su propio país; ve su sentido del humor, su modo de hablar, ciertas imágenes familiares. Hay algo que nos habla muy directamente, y que acá está presente”.

“Más allá de la tecnología –termina Valeria Keller-, uno sale de acá sabiendo más y queriendo ver más cine argentino. Es una muy buena manera de detenernos un momento y de poder mirarnos a nosotros mismos”.