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Inauguró “Cuadro a cuadro, 101 años de animación argentina”

En la sede de Caffarena 49, del Museo del Cine, se presenta por primera vez la historia integral de la animación argentina, desde sus inicios hasta la actualidad y se exhiben por primera vez dos dibujos que Walt Disney donó al país durante su paso por la Argentina y que se integraron hace escasos meses al patrimonio del Museo.

Texto: Julián Gorodischer/ Fotos: Mariana Sapriza

“Buenas tardes a todos, muchísimas gracias por venir; para nosotros, éste es un momento hermoso porque es la segunda muestra temporaria que hacemos en esta casa. No sé si todos saben pero el Museo se ha mudado varias veces, y finalmente tenemos esta casa preciosa que está renovada y muy linda desde diciembre”.

 Lo dice Paula Félix-Didier, directora del Museo, y así deja inaugurada esta muestra que reúne las piezas más significativas de la animación vernácula, comenzando por el pionero Quirino Cristiani, creador del primer largometraje animado del mundo, El Apóstol (1917). Si bien casi nada de Cristiani se conserva hasta nuestros días, en apenas unos cortos realizados para el noticiero Film Revista Valle y en el film El mono relojero de 1938 –ambos pueden verse en la muestra- puede intuirse su talento. En Cuadro a cuadro –muestra curada por María del Carmen Vieytes, Eloísa Soláas y Raúl Manrupe, investigadores del Museo del Cine- pueden verse afiches diseñados por Cristiani, fotos, artículos, reliquias que prestó su familia e incluso su boina y las siluetas originales de sus dibujos para Peludópolis (1931).

Detengámonos en Quirino Cristiani: en los cortos exhibidos se pueden apreciar su original técnica y estilo. “Las películas de Cristiani son críticas de Hipólito Yrigoyen –advierte María del Carmen Vieytes-, y hasta podrían haber contribuido al golpe de Uriburu. Estimulan un movimiento tradicional que se mantiene desde la Argentina del siglo XIX y que se apoya en publicaciones de gran tirada que se vinculan al humor político, sobre todo en los momentos de crisis”.

La labor de Cristiani -en animación y en sátira política- permitió a través del tiempo que otros dibujantes como Ramón Columba, Landrú y Siulnas también utilizaran la animación cinematográfica para satirizar la realidad. Otro hito olvidado –al que alude la muestra- es la productora de animación CINEPA que, fundada en 1947, se concentró en la realización y distribución de cortos animados y documentales en 16mm destinados a escuelas, instituciones y hogares e, incluso, algunas animaciones en 35mm para su proyección como complemento en los cines.

“Hace muchos años que venimos rescatando películas para la colección permanente que tenemos en el Museo, sobre todo cortometrajes de cine de animación argentino de gran riqueza: teníamos grandes tesoros que, hasta este momento, no habían circulado mucho” –sigue Paula Félix-Didier-.

Uno de los nombres clave de esta exposición es el de Raúl Manrupe, quien llegó al Museo hace un poco más de cuatro años para ayudar a preservar y difundir el universo de la animación, dentro del acervo patrimonial. Pero el proyecto de la muestra había comenzado antes, en 2008, cuando aparecieron en Ushuaia, en el Museo del Fin del Mundo, unas latas de nitrato, que serían identificadas como depositarias de unos cortos animados de Cristiani, que hoy están viendo la luz –ya restauradas- ante el público.

“El criterio que organiza la muestra –afirma Manrupe- es cronológico e intenta dar cuenta de la evolución de la técnica”. Ya desde la planta baja, la figura de Juan Pueblo (creada por Cristiani para Peludópolis) nos lleva cuadro a cuadro hasta la planta alta. Allí nos recibe el texto de bienvenida, que pone en contacto con la obra y la referencia de Cristiani.

Más cerca en el tiempo (1941), Walt Disney visita la Argentina enviado por el gobierno de Franklin Roosevelt, quien buscaba estrechar lazos en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Se asombró con el trabajo de Quirino Cristiani y de Florencio Molina Campos, quien colaboró con Disney en los dibujos animados Saludos amigos, Los tres caballeros, y El gaucho Goofy. De aquel momento, se destacan dos dibujos originales de Disney, que él donó durante su visita a la Argentina (a la Asociación Cinematográfica Argentina de Mutualidad).

“En uno de los videos –observa Francisco Lezama, editor de muchos de los materiales audiovisuales exhibidos- se sintetiza la colaboración de Florencio Molina Campos con Walt Disney. El dibujante se había quejado de que Disney no era demasiado preciso con los detalles argentinos en los personajes, entonces Disney lo redujo a los agradecimientos de El gaucho Goofy. Sin embargo, en todos los caracteres se perciben características del dibujo de Molina Campos”.

En 1942 el estreno del cortometraje Upa en apuros -con guión de Dante Quinterno, junto con uno de los mayores films del cine argentino, La guerra gaucha, de Artistas Argentinos Asociados- marcaría un punto de inflexión en la historia de nuestro dibujo animado. La intensa relación entre historieta y dibujo animado no es casual: la Argentina era el principal productor de historieta en lengua española. El homenaje a esta interacción del papel y la pantalla se da, en la muestra, mediante un simulado kiosco y un mural que exponen algunos de los muchos personajes de historieta adaptados al dibujo animado.

 En otra de las salas, se lucen diferentes testimonios de la obra de Manuel García Ferré, autor de creaciones que forman parte de la cultura popular y masiva argentinas. La televisión fue el marco para que Anteojito y Antifaz pasaran de la publicidad a una revista capaz de competir con Billiken y después a varios largometrajes. Gran parte del material fue donado por su familia: hay fondos, bocetos, acetatos y muñecas, memorabilia y material fílmico proyectado en fragmentos de películas. Además, un viejo teléfono presenta grabaciones de distintas piezas a cargo del doblajista Pelusa Suero, con sus distintos personajes. “Con el teléfono y las voces de Pelusa Suero –explica Eloísa Soláas- quisimos darle relevancia a una parte fundamental del dibujo: el sonido”.

Dice Pelusa Suero (quien dijo presente en la inauguración): “Trabajé 47 años con García Ferré. Inexplicablemente, su empresa cerró. Él era un gran director de orquesta, con más de 70 dibujantes contratados. Yo tenía 16 personajes a mi cargo: Larguirucho, Neurus, el comisario Trulalá, Boxitracio, entre otros. Fue la época dorada de nuestro dibujo animado”.

“Su mesa de animación –anticipa Soláas- quedará en forma permanente en el museo y se va a poner en funcionamiento. Es una máquina que sirve como ampliadora, tiene una cámara que puede subir, bajar, acercarse…. Tiene retro-iluminación: sirve para una propuesta más convencional o para proyectos más experimentales. Queremos que cualquier artista pueda aplicar, en el futuro, a una residencia para hacer algo con ese aparato”.

No podría faltar un rincón para el cine animado experimental, a través de la exhibición de piezas trascendentes de Luis Bras y Víctor Iturralde. De distintos modos, ambos continuaron la tradición inaugurada por el canadiense Norman McLaren, a quien conocieron. El cine de Bras, realizado mayormente en 16mm y súper 8mm, resulta un ejemplo notable de arte puro, abstracto y efímero.

A medida que se avanza por las salas del Museo, el gran mapa del dibujo argentino sigue desplegándose: están Mercano el Marciano, y Metegol –de Juan José Campanella-, hito del siglo XXI. Una gran variedad artística y estilística, en su mayoría hecha de cortometrajes, caracteriza al período contemporáneo. “En este sector, la cueva del ratón Pérez –dice Vieytes- es la parte más juguetona, para que los chicos puedan sumergirse en esta historia y disfruten de un rato de juego, además de aprender algo”.

El presente encuentra a muchos realizadores creando ilusión de movimiento de muchas maneras. Y a talentos argentinos requeridos desde distintas partes del mundo, como Juan Pablo Zaramella, quien sorprende con su variedad de técnicas, que van desde el pixelado de Luminaris a los muñecos de Viaje a Marte. Este es tiempo de múltiples técnicas en cruce: stop motion, 3D, 2D, plastilina, arena (…).

 “Para muchos –cierra la directora del Museo del Cine- esta fue una primera vez en la preparación de una muestra temporaria. Para otros, la centésima vez que asumen el desafío. Quiero agradecer muy especialmente a los curadores: Eloísa Soláas, María del Carmen Vieytes y Raúl Manrupe, y a Valeria Kriletich, la diseñadora. Lleguen hasta el final –invoca al público- porque en cada sala los espera un dato, una animación, una sorpresa para entender mejor el vasto panorama de nuestro dibujo animado”.

“Cuadro a cuadro” estará abierta al público los lunes, miércoles, jueves y viernes de 11 a 18 hs y los sábados, domingos y feriados de 10 a 19 hs. Martes: cerrado al público.  Entrada general: $30 pesos.