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GORI MUÑOZ, LA ESCENOGRAFÍA EN EL EXILIO

EXHIBICIÓN FINALIZADA

Muñoz , Gori (Gregorio Muñoz Montoro) Valencia, España,1906 – Buenos Aires, Argentina, 1978. Escenógrafo.

 

 

Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Valencia y, en Madrid, en la Escuela Superior de Arquitectura y la Academia de San Fernando. Becado para perfeccionarse en París, tuvo como maestros a Jacques Copeau y Alexander Trauner. En época de la república española realizó trabajos de ilustración y decoración, colaborando con Josep Renau y Salvador Alarma (escenógrafo del Liceo de Barcelona).

 

 

 

Realizó ilustraciones en Bélgica y Holanda, y recorrió gran parte de Europa como
decorador. Funcionario del gobierno republicano español, al caer éste debió abandonar su país. En 1939 llegó a la Argentina. Al principio trabajó para compañías teatrales hispanas y -a instancias de Luis Saslavsky-, en 1941 ingresó al cine en Canción de cuna de Gregorio Martínez Sierra. Posteriormente intervino en decenas de películas, en las que revolucionó la concepción escenográfica al crear espacios que destacaban climas y se integraban específicamente a las historias. En algunas oportunidades llegó a ocuparse de ambientación, vestuario y decoración. Su obra denota una calidad infrecuente, y sus numerosos lauros lo convierten en el escenógrafo más premiado de nuestro cine. Fue distinguido en el Primer Certamen Hispano-Americano de Madrid en 1948 (Dios se lo pague); por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina (Juvenilia, La copla de la Dolores, Historia de una mala mujer, Sangre negra, Un ángel sin pudor, etc.); por la Asociación de Cronistas Cinematográficos (La dama duende, Rosa de América, Nacha Regules, La Quintrala, Los inocentes y otras); por el Instituto Nacional de Cinematografía (Más allá del olvido, Las campanas de Teresa, El rufián,, etc.); por el Círculo de Periodistas Cinematográficos (Zafra, De los Apeninos a
los Andes, Esta tierra es mía); y por otras entidades. Trabajó en filmes de gran jerarquía y repercusión popular, como Almafuerte, La vendedora de fantasías, Los isleros, Las aguas bajan turbias, Rosaura a las diez, Los evadidos, etc.; y su estrecha colaboración con Luis César Amadori, Lucas Demare, Mario Soffici, Hugo del Carril, Daniel Tinayre] y Enrique Carreras, sobrepasó lo meramente escenográfico hasta convertirse en un verdadero “art director”. Además de su actividad cinematográfica, desarrolló una amplia labor en el campo teatral.

Gori Muñoz inició en nuestro cine la decoración verdaderamente funcional, como parte integral del relato cinematográfico y como elemento decisivo en el establecimiento de su ambiente, clima y unidad estética. Eliminó el indefinido forillo tradicional y encadenó los decorados, haciendo que uno sirviera de fondo a otro, logrando así la unidad arquitectónica. La altura de los decorados solía ser aquí de unos cinco metros y la redujo drásticamente a tres o tres y medio, para permitir un dominio más cómodo de la luz…

 

 

También rompió con la rigidez lineal de los decorados en forma de U, con ángulos rectos, de modo que sus paredes daban fondos iguales o parecidos. Al romper el paralelismo de las paredes contribuyó, de paso, a mejorar la calidad del sonido. Las paredes paralelas hacían rebotar las ondas de voces y ruidos unas contra otras; las ondas se dispersaron y el sonido resultó más limpio. Dio al decorado una constante de valor fotográfico. Impuso igualmente la escala de planos que da profundidad al cuadro. Para ello construyó sus decorados dejando zonas oscuras, zonas que no podían iluminarse directamente y que, al diferenciarse lumínicamente de las otras, marcaban aquellos planos…”

 

 

Domingo Di Núbila: Historia del cine argentino. Buenos Aires, Cruz de
Malta, 1960