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CUADRO A CUADRO

101 AÑOS DE ANIMACIÓN ARGENTINA

La muestra inaugurada el  pasado 10 de Julio presenta por primera vez en la Argentina la historia integral de la animación argentina desde sus inicios hasta la actualidad y asimismo presenta en sociedad dos dibujos que Walt Disney regaló en su paso por la Argentina y que se integraron hace escasos meses al patrimonio de esta institución.

Lugar, Días y horarios de Exhibición

 

Agustín R. Caffarena 51, 1° piso
La Boca, Ciudad de Buenos Aires

 

Lunes, miércoles, jueves y viernes: de 11 a 18 h
Sábados, domingos y feriados: de 10 a 19 h
Martes: cerrado al público
Entrada general: $30 pesos
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VER ANTOLOGÍA DEL CINE ANIMADO

El primer largometraje animado del mundo fue argentino, se llamó El apóstol (1917), y si bien casi nada de su autor Quirino Cristiani se conserva hasta nuestros días, en apenas unos cortos realizados para el noticiero Film Revista Valle y el film El mono relojero de 1938, puede verse su talento. La labor de Cristiani con la animación y la sátira política permitió a través del tiempo que otros dibujantes como Ramón Columba, Landrú y Siulnas también utilizaran la animación cinematográfica para satirizar la realidad. Otro hito olvidado es la productora de animación CINEPA que en los años cuarenta se concentró en la realización y distribución de documentales en paso reducido (16mm), para escuelas, instituciones y hogares.

 

En 1942 el estreno del cortometraje Upa en apuros junto con uno de los mayores films del cine argentino, La guerra gaucha, de Artistas Argentinos
Asociados, marcó un punto de inflexión. Pero indudablemente Manuel García Ferré, conquistó a grandes y chicos de varias generaciones. Sus creaciones forman parte de la cultura popular. La televisión fue el marco para que Anteojito y Antifaz pasaran de la publicidad a una revista capaz de competir con Billiken y después a varios largometrajes.

 

El primero de ellos, Las aventuras de Hijitus, fue un éxito con su creatividad fresca y personajes queribles. Todos sus films convocaron al público infantil como nadie lo había hecho y sólo muchos años después, Manuelita, a partir de la canción de María Elena Walsh, fue un éxito de magnitud comparable y también se desarrolló el cine de animación mainstream: Dibu, Mercano el Marciano, y la producción de dos o tres largos por año. El boom de los primeros años del siglo XXI tuvo un punto culminante con Metegol.

 

Argentina tuvo al menos dos realizadores de cine animado experimental que lograron obras trascendentes: Luís Bras y Víctor Iturralde. De distintos modos ambos continuaron la tradición inaugurada por el canadiense Norman McLaren a quien conocieron. El cine de Bras, realizado mayormente en 16mm y super 8mm resulta un ejemplo notable de arte puro, abstracto y efímero. El presente ve a muchos realizadores, creando ilusión de movimiento de muchas maneras. Y a talentos argentinos requeridos desde distintas partes del mundo. Juan Pablo Zaramella sorprende con su variedad de técnicas, que van desde la pixelation de Luminaris a los muñecos de Viaje a Marte y el diseño de videogames es otro talento argentino de exportación. Es tiempo de sus múltiples técnicas en cruce. Stop motion, 3D, 2D, plastilina, arena etc. Hay muchas formas de hacer dibujos animados.

 

La historia sigue sorprendiéndonos.