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El hombre del bandoneón

Proyecto de un film que nunca existió

 

Centrado en la figura del bandoneón mayor de Buenos Aires –Aníbal Troilo- el guión de Hugo Santiago coescrito con Olga Orozco forma parte de una de las historias que atraviesan también a Invasión. La música de la Milonga de Manuel Flores, con letra de Jorge Luis Borges, fue creada por Pichuco. Lujos que pudieron surgir del desencuentro y la añoranza.

 

Con fecha de 1965, Hugo Santiago y Olga Orozco escribieron este guión muchas veces surrealista, siempre amante del tango y de las calles más entrañables de Buenos Aires. Sigue de cerca los pasos del artista encarnado en el porteñísimo Aníbal Troilo, alias Pichuco, por derroteros no tanto anecdóticos como existenciales. La muerte de su gran amigo Homero Manzi es el umbral que abre la historia de una experiencia: vivir, tanto el trajín cotidiano (cumplir con contratos de conciertos, acudir a las entrevistas, estar presente en la serie de compromisos de un artista tan reconocido, pero también en los deberes familiares), como la falta ya de ganas de crear e interpretar música tras una pérdida que significó para Troilo una caída anímica fuerte.

Para colmo las cosas a veces se juntan, al hombre del bandoneón le ocurre. Con esas mismas manos, de haber ejecutado el instrumento de niño, siente que no puede tocar en el velorio del amigo, donde también tiene que sortear las iras de la esposa y la amante que se encuentran ahí, cómo no, si todo eso y más forma parte de su vida.

La misma música y la compañía de otros artistas, como su compañero Grela –el guitarrista Roberto Grela- serán la clave para transmutar el dolor.

Un hombre huidizo que se escurre de todos y sus demandas y suele llegar tarde a tocar y demás nos hace recorrer la Buenos Aires que recuerda H. Santiago ya desde afuera, porque comenzó a soñar ese film estando en Europa. Casi todo estuvo listo para iniciar la película, no sólo iba a estar Troilo, también Astor Piazzolla había confirmado su actuación –siendo él mismo- tal como aparece en el guión.

Y entonces vino el golpe de Onganía. Y nada se logró.

De aquél guión no sólo quedó el tango como música y aura sino también el tema de la muerte; se nota en la Milonga de Manuel Flores. También quedan rastros en otro film de esa zaga de Aquilea, que es y no es Buenos Aires. En Las veredas de Saturno llega a escucharse música compuesta para El hombre del bandoneón.

En este proyecto trunco, que nunca pudo filmarse, se conjugan el surrealismo de Olga Orozco, que toca una fibra común de Hugo Santiago, el amor por el tango, la añoranza y el asomo/asombro hacia el universo de la vida y creación populares y seguramente mucho más. La figura del artista, cerca y lejos de su entorno, adquiere ribetes muy interesantes al encarnarse en un músico como Pichuco. Troilo comenzó a tocar de muy chico y por eso acumuló experiencias que lo anudan con una tradición y un tiempo anterior pero también pudo apreciar los cambios que otros, como Piazzolla, propusieron. Su edad y su historia lo colocan en un lugar de bisagra o articulación entre un pasado que ya no volverá y un porvenir pleno de incertidumbre y tal vez angustia. En ese “entre” se configura como una afirmación, no sin ambigüedades ni miedos pero aun así afirmación, del presente.

pamela
pamgime@yahoo.com.ar