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El pañuelo de Clarita y su misterio

A cien años de su estreno este film de la directora Emilia Saleny sigue abriendo preguntas no sólo en cuanto a las condiciones de producción y exhibición locales, sino también a las condiciones de realización artística, técnica y cultural de las mujeres.

 

Cherchez la femme

La película argentina El pañuelo de Clarita se estrena el 30 de octubre de 1919 en Buenos Aires, en el Crystal Palace, calle Corrientes 1550. Debemos estos datos a la copia de documentación que proveyó al acervo público la señora Ofelia Amé, hija menor de Bautista Amé, autor del argumento y uno de los actores del film.

Más de un hecho singular hacen de esta obra un misterio. En primer lugar la directora es una mujer, Josefina Emilia Saleny, pionera aquí y en toda América, pero cuya identidad parece escurrirse (su nombre no consta en los afiches de exhibición). Es notable también que Saleny no estuvo presente en el estreno y que cedió los derechos de su obra al señor Bautista Amé. En la fotocopia de un documento del 2 de marzo de 1919, donde se realiza la cesión del negativo, consta de mano de la directora que ha habido un «repetido engaño que ha causado la demora del estreno de la película», que esto es independiente de la honradez de los socios, y que «ha sido traicionada mi buena fe». Incluso aconseja que un porcentaje se ofrezca a «un operador honrado» para que se haga lo antes posible el positivo de la película, que «nos la quitan indebidamente».

En cuanto a la identidad de la directora, nos informa Fradinger: «El certificado de defunción del Registro Nacional de las Personas en Buenos Aires informa a través de la declaración de un sobrino, José Di Leo, que Josefina Emilia Saleny falleció el 22 de agosto de 1978 en su domicilio en la calle Caseros 574, siendo viuda de Alberto Olivero. Emilia aparece como ciudadana argentina, hija de Antonio Saleny y Victoria Pieri, nacida en Buenos Aires el 26 de junio de 1894.»

Aunque de la única que tenemos copia es de El pañuelo de Clarita se sabe que Saleny dirigió otras películas, como La niña del bosque y Paseo trágico (las dos de 1917). Además de directora fue actriz -de teatro pero también en films como El evadido de Ushuaia (1916)- y fundó  una institución para la enseñanza de actuación a niños y mayores, la Academia Saleny. El estudio de Moira Fradinger* trata de subsanar un blanco, un silencio que no es poco común cuando se trata de realizaciones de mujeres «Los estudios sobre la historia del cine argentino registran poco de la vida de la que se convirtiera, hasta donde sabemos hoy, no sólo en la primera mujer cineasta sino también en la primera profesora de actores de cine de América del Sur.»

Agradecemos especialmente a la novena hija de Bautista Amé, Ofelia, quien se acercó al Museo del Cine con copia del argumento y otros documentos que proveen de recursos para atisbar el misterio de la mujer y su obra.

 

Del argumento a otra película

De modo muy breve podemos decir que El pañuelo de Clarita muestra el encuentro salvador entre una niña de gran corazón que pertenece a una familia pudiente y un trabajador honrado que, al perder su fuente de ingreso, sobrevive gracias a la mendicidad y la marginalidad.

Acá Ofelia Amé, hija del autor del argumento, en el área de archivo de Nitrato

 

Sin embargo, muchas diferencias aparecen entre el argumento escrito por Bautista Amé y la película de Josefina Emilia Saleny. Es notable la inocencia del texto de Amé con respecto al código ficcional. Si en la película, Amé -como estudiante en la Escuela de actuación de la profesora Saleny-, encarna el personaje de Ciriaco, uno de los «amigos» poco honestos del personaje principal llamado Bautista; en el argumento Bautista se remite a sí mismo, con su nombre, para hacer de sus memorias el soporte de la historia. En una nota remarcada declara que se permite reservarse el nombre de los parientes ricachones que defraudaron sus esperanzas en Buenos Aires. No sólo toda la historia se centra en él sino que pretende tal transparencia que necesita aclarar cuando opta por dar otro nombre. La cuestión de los nombres es llamativa, ni la esposa que muere, ni los hijos, ni la niña que lo ayuda, entre otros, tienen nombre. El nombre de Clara aparece hacia el final, lo cual corrobora Ofelia Amé, su hija, cuando nos cuenta que el personaje de Clara al principio no estaba en la historia. Esta incomodidad del texto de Amé con respecto a la ficción se suma a otras diferencias con la historia y el desarrollo de las acciones filmadas (por ejemplo Saleny pone atención a los animales, en este caso los perros de las familias), pero ése trato con la ficción es el dato que nos interesa para comparar con el ejercicio de dirección de Saleny.

En contraste con el patetismo de la historia de Amé, Saleny coloca su film en otro registro. Las primeras que aparecen son los personajes de Clarita con su mamá (Aurora Revirón y la propia Emilia Saleny), corriendo el peso de la historia que en el argumento cae entero sobre Bautista. Es notable la cuota de humor y el protagonismo de los niños que logra matizar la sucesión de tragedias de Bautista -encarnado por el actor Argentino Carminati-. Los rasgos de humor van a contrarrestar así la propuesta de Amé durante todo el film y con énfasis en el final. Con este recurso Saleny juega como a un desdoblarse de la historia en otras representaciones: el hecho de la guerra en Europa -por una carta Bautista se entera que su hermano muere en el frente en Italia (en el argumento se enorgullece del hermano muerto por «la Patria», esto es, Italia)- se parodia en un juego de guerra entre niños, donde el que lastima es puesto en penitencia. Hacia el final del argumento Amé indica que «El compositor puede hacer una última parte en que figuran los primos malos de B. recibiendo el castigo que merece su conducta.  Fin», entonces Saleny elige mostrar al anciano rico en su agonía recordando un momento de champagne y delicias junto a su mujer, los dos jóvenes. Como si ese momento de plenitud o placer fuera ahora su castigo porque, irremediablemente en el pasado y perdido, lo hace más consciente de la fugacidad y la muerte. Y decide no terminar la película así. Clarita y los niños -Aurora Revirón y los que hacen de los hijos de Bautista (quien en el argumento logra casarse de nuevo con la niñera, que tampoco tiene nombre)-, muy sonrientes, divertidos, alzan un rectángulo de tela blanca con la palabra «FIN». La película hace así un guiño con el espectador, son cómplices de una historia que se asume ficcional. Lo evidencia con un cartel que forma parte de la película misma. Ese gesto, muchos años después, hacia los ’60, hubiera sido considerado de vanguardia. Pero en 1919 ya se estrenó aquí una película de Emilia Saleny que revela y juega con la ruptura del verosímil.

 

*        Se puede leer su investigación aquí  https://journals.openedition.org/cinelatino/731

 

pamela
pamgime@yahoo.com.ar