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Imparcial Film

Revista de larga trayectoria -35 años- fundada en septiembre de 1918, cuya segunda etapa (1922 a 1926 inclusive), forma parte del acervo de nuestro Museo. Encuentros insospechados nos atrevemos a augurar para todos los que visiten sus páginas.

 

En la biblioteca del Museo del Cine pregunto a nuestro bibliotecario-referencista Fabián Sancho qué material de nuestra biblioteca es el más singular. Despega la mirada de la pantalla de su computadora, levanta un poco la cabeza y piensa. Después me dice: -Los tomos del Imparcial Film, somos los únicos que los tenemos.

Pido entonces el primer tomo de Imparcial Film disponible aquí. Es una compilación de la revista que en esa etapa es semanal. Según la investigación que encontramos en el libro Páginas de Cine, bajo la dirección de Clara Kriger, la revista presenta tres etapas y justamente nuestro Museo preserva la más misteriosa. Es la etapa en que no se identifica quién la dirige. Va de 1922 a 1926 inclusive, cubriendo el denominado «período mudo» del cine.

Como señala el libro citado la segunda etapa de Imparcial Film se caracteriza por cubrir con notas los avatares de las estrellas del cine y desplegar temas paralelos al cine ligados a las cuestiones del hogar, la literatura o los deportes. Justamente esto último es lo que llama la atención a nuestro coordinador de biblioteca, las cartas del corazón presentadas como “Confidencias entre lectores” en que –a manera de antecedente más sofisticado del Tinder actual (ya que los aspirantes debían saber redactar)- los consumidores de esta publicación, tal vez también motivados por los sueños que enarbola el cine, escribían para comunicar sus intenciones amorosas.

Este cruce entre los ámbitos del cine y la intimidad (que preanuncia a su modo esa relación propia de la TV con el ámbito privado) es muy patente en propuestas como la encuesta que lanza Imparcial por esos años: LA FAMILIA IDEAL ¿Cuál es la familia ideal de 1926… en el cine? Por medio de este concurso no sólo accedemos a un imaginario de la familia tipo argentina totalmente distinta al de nuestros días (ver imagen) sino que encontramos un lugar donde se anudan la industria y la fantasía del cine con la vida cotidiana y privada. La idea es que se ubique a los artistas reconocidos y que conformen un esquema familiar. Este esquema se nos presenta muy diferente no sólo por “el mucamo” y “la mucama”, es decir personas no ligadas por parentesco, sino también por la jerarquía que establece el listado, que comienza con “el padre” y termina con “un lindo vecino que afila con la hija mayor”, en el medio pasa también por “el pibe de la casa” (¿sería algún niño de una familia vecina con menos recursos?). De algún modo, al proyectar el ideal de familia sobre las imágenes que ofrece el cine, lo cotidiano se espectaculariza y las estrellas se avienen a un ámbito cotidiano y vulgar, donde se los mide por el rol que se debe cumplir para mantener la armonía de la casa, la tan mentada base del orden social.

Puede ser una clave de lectura la repetición del término «Ideal». Podemos entender que hay cierto uso del influjo modélico del cine no sólo en cuestiones estéticas como la moda sino también con alcances éticos en la actualización de estereotipos y costumbres de la vida doméstica.

 

 

 

 

 

 

pamela
pamgime@yahoo.com.ar