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La semana de Ferreyra: La vuelta al bulín

En la semana del natalicio de José Agustín Ferreyra, recorremos las joyas de nuestros archivos para celebrar su filmografía y su legado. Comenzamos con La vuelta al bulín (1926), cortometraje editado en Mosaico criollo, primera antología de cine mudo argentino, presentada por el Museo en colaboración con el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. La película puede verse completa en Cinemargentino. El siguiente texto introductorio, por Mary Vieites, está incluido en el libro que acompaña a dicha edición. No dejen de visitar todas las publicaciones de esta semana, además de nuestra crónica de la exhibición de la nueva versión de Muñequita porteña y el video de la función completa.

«Iba y venía… A veces, al verlo cruzar -animoso, nervioso, rápido- por la ciudad, nos parecía que corría a suplicar que le fiasen un rollo de película virgen para poder terminar un tema que ‘palpitaba’ en su espíritu de director nato.»

-Francisco Madrid

José A. Ferreyra (1889-1943) nació en el barrio de Constitución y transcurrió su infancia entre éste y el de San Telmo. Cursó la escuela primaria; estudió música, fue pintor y, acompañado por Atilio Malinverno (pintor de parques porteños y paisajes pampeanos), incursionó exitosamente en la escenografía. Desde muy joven, fue consecuente partícipe del ambiente bohemio porteño. A principios de la década de 1910, su inquieto espíritu creador se encontró con el cine al que, según versiones, se acercó viendo películas de Max Linder, André Deed -más conocido como Toribio Sánchez en países de habla hispana- y David W. Griffith. El nuevo medio lo apasionó de tal manera que lo absorbió febrilmente y, a pesar de su falta de formación, de la carencia de medios ténicos y de las dificultades de producción del cine vernáculo por entonces, sumadas a la lucha desigual contra las majors norteamericanas, se convirtió en el primer creador con universo propio que generó el cine argentino.

Su cine se caracterizaba por la pintura entrañable de los barrios alumbrados a kerosén y sus habitantes, humildes y trabajadores, de espíritu puro aunque, de vez en cuando, caigan en tentaciones, siempre contrapuestos al ambiente de la noche, el champán y el cabaret asociados al vicio y la maldad. A propósito escribía Calki: «[…] Partía a menudo de un detalle mínimo de inspiración plástica. Incansable fatigador de calles porteñas, recogía sus motivos desde la pintoresca Corrientes de la primera época hasta la más desvalida cortada de arrabal. Quedaban grabados en su retina ese grupo de niños jugando en la puerta de un conventillo, o esa mujer pintarrajeada saliendo de un cafet{in, con la quebrada perspectiva de la calle junto al río. De allí surgía la idea para una película […]» (1)

Rodó su primer intento cinematográfico, Una noche de garufa o Las aventuras de Tito, en 1915, que se exhibió solo un día en sala comercial. Tras un par de intentos fallidos, El tango de la muerte (1917) fue su primer film con cierta repercusión. Durante el período mudo rodó más de veinte películas; luego realizó varios intentos de sonorización como El cantar de mi ciudad (1930) y estrenó el primer film enteramente sonoro con sistema Vitaphone: Muñequita porteña (1931). A partir de la instalación del sonoro, mientras se afianzaba la industria del cine nacional, aportó títulos como Rapsodia gaucha (1932) -su primera película con sistema Movietone-; Mañana es domingo (1934); Puente Alsina (1935) y una exitosa trilogía con Libertad Lamarque como protagonista: Ayúdame a vivir (1936); Besos brujos (1937) y La ley que olvidaron (1937). Más tarde dirigió La que no perdonó (1938); Chimbela (1939); El ángel de trapo (1940) y Pájaros sin nido (1940). La mujer y la selva (1941) fue su última película.

La vuelta al bulín es un cortometraje que, según asevera Jorge Miguel Couselo -biógrafo de Ferreyra-, integraba un espectáculo de variedades del actor Álvaro Escobar que incluía monólogos y estampas de tango. Escobar (1886-1962), que reunía escasos antecedentes teatrales -trabajó en la compañía de Leopoldo Simari- formó parte del elenco de varias películas de Ferreyra como actor de reparto, reiterando una macchietta de «guapo suburbial» que del personaje mítico solo conserva la apariencia. Trabajó también con Leopoldo Torres Ríos y Julio Irigoyen, entre otros. Esta es su única oportunidad protagónica y la presentación del film así lo define: «Álvaro Escobar, uno de nuestros grandes artistas de la Cinematografía Argentina que más películas ha filmado, la prensa en general conceptua este artista como el cómico más eficaz, se presenta con una de tantas películas (La vuelta al bulín) saluda al público como buen Argentino» (sic).

Como muchos títulos de su obra cinematográfica –La muchacha de arrabal (1922); Mi último tango (1925); Muchachita de Chiclana (1926), o La costurerita que dio aquel mal paso (1926)- La vuelta al bulín tiene sabor a tango. En este caso, en clave cómica para lucimiento de su protagonista. Ambientada en el café, el bulín y el cabaret, paradigmáticos espacios tangueros, el film narra las desventuras de «Mucha Espuma», un guapo «acostumbrado a dominar mujeres» que es abandonado por su mujer «Pulguita», seducia por un gabión, atraía por la ropa de seda y la supuesta vida fácil. A su alrededor pululan otros personajes marginados en el suburbio, los fuera de la ley y algún arrepentido en busca de redención.

La línea argumental es elemental, con desniveles narrativos y la continuidad muy desprolija, probablemente debido a que el director parece haber utilizado tomas y secuencias de films anteriores remontándolas para contar esta breve historia. También es posible que haya reutilizado algunos intertítulos, a los que agregó los necesarios para este relato, ya que los fondos y la grafía utilizados difieren notoriamente.

Indudablemente, utilizó fragmentos de su película Melenita de oro, interpretada por Lidia Liss, Jorge Lafuente, el propio Escobar, César Robles, Elena Guido y José Plá, producida por la Colón Film, de Luis y Vicente Scaglione, en 1923. La irreparable pérdida de películas producidas durante la etapa muda y la escasez de información en fuentes gráficas no han permitido -hasta ahora- constatar si recurrió a otras. De todos modos, el corto destila frescura, calidez en la pintura de ambiente, simpatía hacia sus criaturas, y nos permite observar aspectos del cine de este pionero legendario de cuya etapa muda casi nada se conserva.

(1) Revista El Hogar, Buenos Aires, 21/12/1956.

La vuelta al bulín

Dirección: José A. Ferreyra

Argumento: José A. Ferreyra

Intérpretes: Álvaro Escobar, Jorge Lafuente

Duración: 22′

Fecha: 1926

Procedencia: Museo del Cine

Música de la versión restaurada compuesta y producida por Fernando Kabusacki y Matías Mango

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