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Las familiares y apacibles aventuras de Hijitus

Las aventuras de Hijitus es la segunda película animada de García Ferré en el cine.  Aunque se trate de episodios ya vistos en la pantalla chica y sin hilación argumental entre ellos, los cambios en el color para la proyección en cines es destacada (recordemos que hasta 1980 la TV era en blanco y negro). A diferencia de la primera película de García Ferré –Mil intentos y un invento-, la de Hijitus es un subproducto del éxito popular televisivo, pero hecha a colores y con una técnica acorde a los productos televisivos y gráficos de mediados de los ’60. El boom en la pantalla chica se logró en base a un formato que rescató de los seriales, se emitía un minuto y generaba intriga hasta el el episodio siguiente, que culminaba su historia al mes. La prensa de la época distingue de esta animación el porteñismo y los modos coloquiales de sus protagonistas, esto remarca la singularidad de ser una contrapartida local al caudal de productos de animación extranjeros. Sin duda, a través de los años García Ferré se constituyó en una gran figura de la animación, debido no sólo a su gran productividad sino también a la popularidad de sus obras.

Al recorrer la prensa de la época, dos cosas parecen convencer a todos, tanto a críticos como al gran público, de ver esta obra: su familiaridad –en parte por ser un producto ya instalado en televisión– y su relato apacible. Merecen estos adjetivos detenernos un poco en ellos por el contraste que presentan con la vida en nuestro país. Sin embargo, García Ferré desde hace rato tenía su éxito a base de una animación que, a la par de revolucionar por su mismo gesto de producirse aquí y de basarse en características identitarias tomadas de nuestro entorno, tomaba una estética retro tal vez inspirada en los años 50: Oaky era un bebé que andaba fajado, a la usanza de los abuelos de los niños que lo miraban en la tele; entre los distintos sectores sociales a que refieren los personajes hay relaciones entre paternales y conciliadoras; los estereotipos del rico, de la seguridad pública y del niño en situación de calle ya se ofrecen como anticuadas y, por eso mismo, desnudas de polémica, cubiertas de inocencia. El delito está a cargo de unos malos, nunca tan tan malos. Algo hay de añoranza, tal vez un intento de retrotraerse a un tiempo de armonía social y familiares viejas costumbres.

Que las aventuras de un siempre risueño y afable chico de la calle o un bebé fajado sean tranquilizantes tal vez dice más de nuestra sociedad que muchos tratados. Sin embargo, junto a estas descripciones de críticos quizás poco empáticos con el  público infantil, otros hoy destacan la intriga, el suspenso, la sorpresa y la extravagante vida en Trulalá. Así funcionó, parece, en esta ambigua zona entre la sorpresa infantil y el sosiego familiar, y la serie de dibujos animados de Hijitus fue un éxito latinoamericano por largo tiempo.

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Dibujo animado de largometraje argentino presentado por Pel-Mex, en 1973, en el Ideal y el Alfil. Los personajes son Hijitus, Oaky, Larguirucho, Neurus, Pucho y otros. En Eastmancolor y pantalla ancha. Producción García Ferré y Julio Korn. Con los episodios televisivos “El dragoncito cantor”, “Gran Hampa” y “Dedo Negro” de la serie creada en 1967. Director de fotografía: Walter Canevaro. Música: Néstor D’Alessandro. Dirección: Manuel García Ferré. Duración 85 minutos. Apta para todo público.

 

Fotos: Mariana Sapriza

Texto: Pamela Gimena Vázquez