INSTITUCIONAL
REDES SOCIALES

La vida del idioma

Entrevistamos a Marina Zeising, directora del documental Lantéc Chaná, proyectado en el Ciclo Preestrenos del Museo del Cine en el auditorio del Colegio de Abogados.

¿De qué trata Lantéc Chaná?

Trata sobre Blas Jaime, un hombre que vive en Paraná, Entre Ríos, que hoy tiene 82 años pero que hace unos 12 aproximadamente dijo saber la lengua Chaná. Un periodista lo escribió en una nota para el diario La Nación y así tomo trascendencia nacional. A partir de ahí un lingüista del CONICET lo fue a conocer, validó la lengua y comenzaron la construcción de un primer diccionario de la lengua Chaná. En ese momento es cuando yo doy con él. Buscaba notas a través de internet que tuvieran que ver con el litoral o las poblaciones indígenas y ahí di con esta historia. Me pareció un personaje único y decidí ir a Paraná para conocerlo. El me recibió totalmente abierto. Comencé entonces a tomar registro de este proceso que había comenzado con el lingüista en la construcción de su diccionario, de las clases de Chaná que estaba dando, cómo comenzaron a tomar interés en este proceso otras disciplinas de la ciencia y el arte. Surgieron personas que podían reconocer algún antepasado suyo como Chaná y que querían conocerlo, saber más de esa lengua y de su cultura. El comenzó a tener un reconocimiento social, en Paraná y en todo Entre Ríos. Intenté tomar registro de todos estos cambios, este camino que había iniciado al reconocerse como último hablante del idioma Chaná. Sigue ahora dando charlas en las escuelas, en el Museo Serrano de Paraná… Me pareció muy importante registrar todo esto que le fue pasando, pero de un modo intuitivo, en el momento uno no profundiza en porqué y para qué. Hay un algo orgánico y natural en el que decís “esto debería estar”. Como un impulso humano. Después viene todo el proceso intelectual, cuando ya casi estás editando, en el que te preguntás qué hice, qué capturé de todo esto. Y con todo lo captado, hacia dónde lo encaro, por dónde voy. Porque, como siempre pasa, hay muchas cosas que se deben dejar afuera. En este caso tenía claro que yo quería ir por la cuestión de la lengua y la cultura. Pero había muchas aristas, líneas que se iban cruzando y tienen que ver como con una sinergia de todas esas disciplinas relacionadas con el acceso a una cultura y que despertaron nuestro interés. En mi lugar, desde lo audiovisual. Desde otras aproximaciones, desde las artes plásticas o la museología o incluso personas que simplemente lo conocieron y que se interesaron. Está el caso de Jorge Bernabé, un hombre que vive al lado del río y fue juntando piezas arqueológicas que encontró. Y eso forma parte también de nuestro patrimonio. En todas esas personas, desde distintas disciplinas (lingüistas, antropólogos, arqueólogos) y con distintas posibilidades, la historia de Blas Jaime fue despertando inquietudes. El abrió un camino, en medio de donde parecía no haber nada él dio la señal de todo un universo. Había ahí una historia latente y Blas le abrió camino con todas las peculiaridades de su historia personal, porque es el último parlante de una comunidad que ya no existe como tal. Así que toda la construcción -de sus tradiciones, toda esa vida social, toda esa cultura- sólo puede hacerse a través de él y de los que a partir de él comenzaron o comenzarán a reconocer sus raíces Chaná.

Blas se dio a conocer como el último parlante Chaná cuando ya había pasado sus 70 años.

Claro, las mujeres son quienes guardaban la memoria tradicionalmente en el pueblo Chaná, pero sus hermanas murieron cuando era niño, entonces su mamá -entre sus dos hijos varones- lo inició a él para resguardar este legado. Cuando ya se suponía que no quedaba ningún parlante Chaná en el mundo es que él se reconoce y se da a conocer como tal. Comienza a ir a radios, a dar entrevistas, hasta que lo revela un diario donde toma trascendencia nacional. Ahí despierta interés en todos nosotros.

¿Qué decisiones tomaste en cuanto al sonido? Por ejemplo hay un uso importante de la voz en off para dar tu interpretación, incluso hay una actriz que hace de vos.

En la película me pareció fundamental tener un texto de la voz en off de Blas, con imágenes de él y del Delta. Es un cuento Chaná que le decía su padre y él lo dice en Chaná. Hay un registro entonces de los momentos en que él habla Chaná. Más que nada me focalicé en su lucha, en cómo hacerlo trascender. Con respecto a la música, eso fue también toda una decisión, trabajé con un músico que hizo música especialmente para la película. El tema es que los Chaná no tenían música. Según relata Blas era un pueblo muy ligado al río, de tendencia nómade, que tenía que estar siempre alerta –no festejaban, no bailaban, no cantaban- porque estaban siempre atentos a los posibles invasores que podían ser no sólo los españoles sino otros grupos indígenas. Eran guerreros, eran nómades e incluso recuerdo datos dolorosos: a los perros les rompían las cuerdas vocales para que no ladraran. Entonces yo tuve que inventar o construir una banda sonora, una música ligada a lo Chaná. Mi propuesta con el músico fue que tomara elementos de la naturaleza, mucho uso de instrumental con materiales naturales, madera por ejemplo, mezclado con otros recursos contemporáneos. Puedo distinguir tres momentos, todo el universo indígena tenía un concepto, otro más relacionado con la cosa urbana, Buenos Aires, La Plata, y que era parte del relevamiento más actual, al que relacioné más con un bandoneón. Después hay otro momento en que una institución de la comunidad italiana se relaciona con esta historia. Tomo esta intervención -que es sólo de una sociedad italiana- como una contrapartida solidaria a la de la relación histórica violenta con el inmigrante blanco, europeo. Es otro encuentro, distinto, entre el europeo, o descendiente de europeo, y el indígena, o descendiente de indígenas. Como un momento de reparación. Fue algo espontáneo, no estaba en mi plan inicial. Pero me encontré con esta asociación italiana que tiene un colegio y varios emprendimientos y que ayuda a las comunidades originarias. Blas Jaime se encontró con Horacio Piceda (Presidente de la Sociedad Italiana en Paraná) y sentí que ahí había, en pequeña escala, como una reparación histórica. Obviamente ellos no pueden ocupar ese lugar que debería ocupar el Estado. Pero sí me parece importante rescatar ese encuentro humano, social, sentí que ellos mutuamente se respetaban. Aunque insisto que se requiere un Estado presente para resolver problemas estructurales. No es suficiente con las individualidades, no podemos depender de ellas para resolver cuestiones muy duras. Para este encuentro me inspiré entonces en una música que se llama “pizzica”, típica del sur de Italia, Puglia. Tres momentos que tienen que ver un poco con Argentina. Por otra parte, hacia el final, sentí que quería transmitir mis reflexiones sobre todo lo que me iba pasando durante el registro de esta revelación de Blas como último parlante Chaná y su decisión de dar a conocer la cultura Chaná. Como realizadora testigo quería tener una postura clara de autora. También en cuanto a imagen, no sólo con la voz en off. Tenía ganas de recrear aquello que me pasó. Hay una actriz, entonces, que es como una alter ego mía, que muestra esto de investigar, leer, hablar con la gente, ver cómo era la cultura Chaná, la búsqueda en Paraná, todo lo que me fue pasando. Esto de internarse en una cultura que es tan ajena, pero con la cual, al mismo tiempo, siento una identificación. Finalmente dejo con ella un final abierto, ella está en el bote al lado del río Paraná y parece que se va a quedar ahí. Es ficcional pero no tanto porque es algo que viví.

Querías mostrar que la experiencia de la película te atravesó.

Sí, y debo decir que lo que más me conmueve de Blas es su coraje. A una edad en que muchos creen que ya están hechas las jugadas, él se hizo cargo de lo que quería. Este parece un mundo en que nadie se hace mucho cargo de nada, entonces, que una persona ya de edad avanzada logre cambiar me parece inédito. Es algo para reconocer. Hacerse cargo de su identidad, de quién es. Incluyendo todos los conflictos y contradicciones que sabemos que todos tenemos. Sobre todo en un contexto, en Argentina, en que ciertas identidades fueron altamente discriminadas. Blas merecía el registro documental de una lucha que lo excede pero que enfrenta activamente, en vez de declinar.

¿Tu próximo proyecto?

No tiene nada que ver con lo indígena, pero sí me interrogo por mis propios orígenes nórdicos. Es una búsqueda mía, que tal vez en la historia de Blas haya despertado, como mujer y como futura madre que puedo ser. La tensión de ser mujer en esta época y formar parte de dos culturas muy distintas y que se integraron en mi crianza. Nacer en Argentina, un país bastante machista y patriarcal, pero con una educación muy nórdica, de abuelos noruegas y alemanes, que contrasta mucho con la cultura argentina. Es una tensión que me atraviesa todo el tiempo y que relaciono con la que describe Blas entre su identidad indígena y su experiencia como mormón.

 

FOTOS: Mariana Sapriza

NOTA: Pamela Gimena Vázquez