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Pablo Ducrós Hicken: entre la imagen y la Historia

A 50 años de la inauguración de la institución que lleva su nombre, recordamos las múltiples vidas de Pablo Ducrós Hicken, coleccionista, pintor, historiador, cineasta y virtual fundador del Museo del Cine. 

 

Por Pablo De Vita*

Este 2021 se cumplirán 50 años de la fundación del Museo del Cine porteño y se recordaron hace escasos días los 39 años del hundimiento del ARA General Belgrano, a 200 millas naúticas del área de exclusión, durante la Guerra de Malvinas. Estos hechos, en apariencia inconexos entre sí, se vinculan no sólo por la nacionalidad argentina sino también por el nombre de Pablo Christian Ducrós Hicken. En el caso del Museo del Cine por la colección de aparatos cinematográficos y pre-cinematográficos de su propiedad que, donados a la entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires por su viuda Raquel Sanchez Vincente de Ducrós Hicken, dieron origen al Museo del Cine en 1971 y que lleva su nombre desde 1975. En tanto, en el lecho marino a cinco mil metros de profundidad descansa en el pecio del ARA General Belgrano el óleo que Pablo Ducrós Hicken había pintado en homenaje al creador de la bandera y que acompañará por siempre el destino trágico y heroico de nuestro buque convertido en tumba de guerra en uno de los hechos controversiales del conflicto austral en la búsqueda de reivindicación de la legítima soberanía argentina en las Islas pero de la mano de la tragedia de la guerra en la noche oscura de la dictadura militar. 

El óleo sobre Manuel Belgrano realizado por Ducrós Hicken no sólo denota sus múltiples intereses además de haber sido pionero del cine. Junto con las artes plásticas desarrolla una fecunda labor como crítico cinematográfico, periodista e historiador. Su hoy reconocida faceta de coleccionista, por la cantidad invaluable de objetos que el Museo del Cine custodia en el presente, no omiten estas otras disciplinas sino que acrecientan las virtudes humanistas de una personalidad de cuño renacentista pero que demostraba de manera común el amor al pasado y las diversas formas de legarlo hacia el futuro. 

La singularidad de Pablo Ducrós Hicken, definido humanista y cineasta, no pueden ocultar un signo distintivo y que explica la presencia en el ARA General Belgrano de un cuadro suyo. El Museo Histórico Cornelio Saavedra; el entonces Ministerio de Guerra; en el Ministerio de Economía de Juan José Paso y en el Colegio Militar del Ejército de La Paz en Bolivia, son sólo algunas de las dependencias oficiales que tienen un cuadro suyo en el decidido interés de Ducrós Hicken en la tendencia figurativa que amalgama las figuras de Güemes, Brown, Belgrano, Soler, Mitre, Paso y su predilecto José de San Martín, que pintó en 35 óleos distintos. Formado con Ceferino Carnacini, Ernesto de la Cárcova y Rossi, Ripamonti, Santilli, Sobieski y con el español Julio Romero de Torres durante su estada europea en los años 1922 y 1923, no escapa tampoco de su interés el retrato imposible de aquél primigenio cine mudo argentino que tanto esfuerzo costaba, y cuesta, salvar. De su imaginación se desprende el óleo que conserva el Museo del Cine sobre la filmación de El fusilamiento de Dorrego, acaecida en las terrazas del histórico edificio de la confitería La Emiliana (hoy sede del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal), y un autorretrato de pulso sereno que permite reconocerlo. “La entrevista de Guayaquil”, en propiedad del Palacio San Martin, demuestra su interés permanente en la figura del Libertador y en las artes plásticas, comunión que de la mano “El Libertador y sus retratos” será el tema de la conferencia de recepción cuando sea incorporado como Académico del Instituto Nacional Sanmmartiniano el 24 de Octubre de 1960. También perteneció a la Sociedad Bolivariana de la Argentina, al Instituto Belgraniano y fundó el Instituto de Investigaciones Históricas Juan José Paso. 

Pero si algo conservó desde niño fue su pasión por “ese objeto sin futuro comercial” como denominaron los hermanos Lumiere a su invento, que culminaría cambiando la mirada del ser humano del siglo XX y transformó la de aquél chiquito que a los cinco años jugaba con un rudimentario proyector sin fin que reproducía imágenes filmadas por Georges Mélies. Poco antes de cumplir los treinta años ya se dedica a la crítica cinematográfica en la revista El Hogar y funda con Fernando Chiarini una publicación dedicada al cine realizado por aficionados en nuestro país. El autor de estas líneas recuerda la natural sonrisa unida al proverbial respeto con el cual el historiador Carlos Barrios Barón se refería a su figura. Habitual amigo del museo, Barrios Barón fue asimismo autor de un folleto fundamental sobre Ducrós Hicken editado por este Museo en 1980 y que recopila en palabras de su viuda el sentimiento común de todos aquellos que lo conocieron con su tranquila afabilidad para el diálogo, con la innata transmisión de conocimientos que permitieron, por ejemplo, a un jovencito Enrique Bouchard celebrar en 2021 sus 90 años unido al recuerdo de Ducrós en una relación de amistad que no escondía la fascinación de un discípulo por un auténtico maestro, “En cierto modo, él me enseñó muchas cosas respecto de cómo se forma una colección. Personalmente tengo que hacerle un homenaje porque fue la persona que me indicó como se formaba una colección y a raíz de eso comencé a coleccionar películas”, declaró a este cronista el cinéfilo Enrique Bouchard. 

Pero si escribía sobre cine, coleccionaba sus equipos, y mantenía correspondencia con grandes pioneros de diversas latitudes, no podía escapar su inquietud como realizador, entre trabajos documentales y ficcionales, en los que se involucró hace casi un siglo con su primo Roberto Kuhienschmidt Hicken, concretando “Inquilinos de etiqueta” que estrenarán en 1923 en el Select Lavalle. En paralelo a la filmación de esta película, un año antes, registran un trabajo para un auténtico Home Movie Day: “La gran fiesta del domingo, 5 de Septiembre de 1922, Villa Progreso”, donde la familia se reúne para despedirlo ante su viaje a Europa y donde estuvo presente también Leonor Acevedo, madre de Jorge Luis Borges. Su regreso de Europa brindará una de sus filmaciones más célebres y que el Museo del Cine custodia con recelo: “Colegio Nacional de Buenos Aires” (1923), en virtud de la trascendencia del registro del máximo centro de enseñanza media argentina y en su perfecta conservación durante décadas en dicho colegio, donde el rector Horacio Sanguinetti lo encontrará para ponerlo a disposición de nuestro museo.

Pablo, o Pablito como se lo conocía en el núcleo familiar, había nacido en Buenos Aires el 5 de junio de 1903, hijo de Estela Ana Hicken y Pablo Ducrós Lenatz y muchas de sus filmaciones transcurrieron en la quinta familiar de Christian H. Hicken en Villa Progreso, ya profesionalizado luego de la filmación en el Nacional Buenos Aires, filma un desfile en el Colegio Militar y otras para Film Revista Valle. El nacimiento del cine sonoro lo deslumbra, y participa en las filmaciones de “Los caballeros del Cemento” (la única de las tres primeras experiencias en el sonido óptico junto con “Tango” y “Los tres berretines” que no llegó al presente), y también asiste a la filmación de los cortos que Eduardo Morera realizaba con un impar Carlos Gardel. Sobre sus primigenios trabajos en tiempos del cine mudo, dirá en el diario La Nación a comienzos de 1942 que: “El secreto de mantener con esta simplísima estructura el interés del espectador radicaba en el corte ajustado y bien alternado de las situaciones, todas ellas de corto metraje (hechas también en base a la economía de material a que estábamos obligados), dando así una extraordinaria agilidad a los cuadros y poniéndonos así dentro de los cánones rítmicos de las comedias de Mack Sennet”. Bouchard fue testigo de cómo sus antiguas máquinas de proyección continuaban en perfecto estado, como cuando Ducrós Hicken realizó unas vistas desde el balcón de su casa de la calle Entre Ríos con una cámara Pathé y también como Mary Pickford quiso comprarle la colección a Ducrós Hicken deslumbrada al ver ese impactante conjunto de objetos ya de los primeros tiempos del cine que fueron, precisamente, los que la retrataron para la posteridad como una de las figuras del cine mudo en pareja con Douglas Fairbanks. Todo había tenido lugar en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata en 1954 cuando Ducrós Hicken le respondió, ante la oferta de que pusiera precio a su colección, que ese material debía permanecer en nuestro país.   

Pablo Ducrós Hicken murió en Buenos Aires el 3 de Julio de 1969 y aludiendo al origen de su colección lo relacionaba a recuerdos de su infancia: “una de esas ocurrencias de parientes, pues en lugar de obsequiarme para un cumpleaños con una panoplia de coracero, con casco de larga crin, sable y charratera, me envió un estuche en cuyo interior había una maquinita de cine y algunas películas cortas y coloreadas”. Así empezó su fascinación que hoy es un admirable legado. 

 

* el autor es crítico cinematográfico, profesor universitario y periodista cultural. Es jefe de prensa del Museo del Cine “Pablo C. Ducrós Hicken”.