INSTITUCIONAL
REDES SOCIALES
Afiches Quirino Cristiani

Quirino afichista

Quirino Cristiani fue el realizador del primer largometraje de animación del mundo. Gracias a su nieto mayor, Héctor Cristiani, forman parte de nuestra muestra tres llamativos trabajos para afiches del pionero del dibujo animado.

 

Fotos: Mariana Sapriza

Texto: Pamela Gimena Vázquez

 

 

Expuestos en la muestra “Cuadro a cuadro – 101 años de animación argentina” del Museo del Cine hay tres prototipos realizados por el precursor Quirino Cristiani (1896-1984). Son pinturas originales para ser reproducidas como afiches publicitarios de diferentes films extranjeros: Café Vienés, película dirigida por Viktor Janson estrenada en Argentina en 1932. Dus-Tu-Ran, documental rodado en la India por Tom White, estrenado en argentina en 1938, con explicaciones en castellano de Héctor Bates. El Príncipe Idiota, de Georges Lampin, estrenada en nuestro país en 1951.

 

Llamativos por su belleza, color y expresividad -lograda tanto por medio de rasgos caricaturescos (como permite la comedia Café Vienés) como en el estilo más naturalista para El Príncipe Idiota-, estos trabajos muestran tanto la habilidad plástica de Cristiani como ese rasgo lúdico de soltar la imaginación ante muy diversos estímulos. De hecho, aunque realizó sus últimas animaciones en 1941 y 1943, con los cortos Entre pitos y flautasCarbonada, cuenta su nieto* que en las reuniones familiares era común que su abuelo “despuntara el vicio” haciendo rápidamente un dibujo (con esa destreza que desarrolló para lograrlo en menos de un minuto).

 

 

 

Los originales para afiches, como nos dice Héctor, fueron trabajos circunstanciales, ya que la mayor dedicación estuvo en la elaboración de films de animación (tanto mudos como sonoros) y en el famoso Laboratorio Cristiani cerrado hacia 1961. Sin embargo, al haberse perdido bajo distintas circunstancias gran parte de la obra se torna para nosotros un tesoro cada uno de sus legados. Recordemos que hubo ocasiones de gran pérdida para la obra Cristiani y la historia de nuestro cine: El secuestro, por parte de las autoridades de la época, del film Sin dejar rastros, en 1918, al día siguiente de su estreno. Y más adelante dos incendios en su Laboratorio Cristiani, uno en 1957 otro en 1961, por los cuales se perdió casi toda la obra fílmica, por ejemplo el primer largometraje sonoro de animación del mundo: Peludópolis, de 1931.

 

Como habíamos dicho en la nota sobre la visita de Walt Disney a nuestro país -Gauchos vs Cowboys-, el encuentro Disney-Cristiani nos pinta un poco el talante de Quirino. El asombro del animador estadounidense ante el trabajo febril, meticuloso y solitario de Cristiani, quien no contaba con un “equipo” para sus animaciones; así como la negativa de nuestro creador ante la oferta de trabajar en los Estudios Disney. Cuenta su nieto mayor que tuvo más de una razón: por un lado el cuidado de su laboratorio, por otro que no le entusiasmaba viajar en avión (aunque ya mayor tuvo la oportunidad de viajar para un homenaje que le hicieron en Italia, en la ciudad que nació y de la que se fue a los cuatro años), pero sobre todo, porque si hay algo que le gustaba a Quirino Cristiani era vivir “a su aire”, y eso de tener un jefe a quien someter el ritmo laboral y la decisión final sobre sus creaciones nunca fue de su gusto. Quirino llegó a rechazar trabajos que lo sometían a una carga horaria sin sentido (como estar ocho horas diarias para justificar el sueldo de una hora de dibujo) en momentos en que el dinero no le sobraba, con tal de mantener su libertad. El decía que nunca había trabajado porque siempre se había dedicado a lo que le gustaba hacer, (y vaya si le gustaba, si tenemos en cuenta que creó su propia técnica de animación y también por la cantidad de dibujos que le demandó realizar cada uno de sus films). Pensemos que este hombre nacido en 1896 decidió de muy joven ser vegetariano (decisión que mantuvo durante toda su vida) y practicar cada vez que podía el nudismo. En ese tono se encuentra el deseo de pasar largas temporadas en Unquillo, localidad cordobesa en la que se había formado una pequeña colonia de artistas entre las Sierras, lugar donde encontró tranquilidad y privacidad para practicar costumbres algo atípicas. (Hector Cristiani recuerda en su libro que su abuelo siempre recomendaba tomar sol aunque sea una hora al día tal como vinimos al mundo, es decir, desnudos).

Es a partir de estas notas de afirmación de la propia singularidad que podemos dar mayor dimensión a los afiches de Quirino. Por estos rasgos podemos tener la sospecha bien fundada de que -más allá de ser trabajos por encargo- sólo pudo hacerlos porque quiso, por el placer de pintarlos. Y si nos detenemos a verlos (e incluso comparamos con afiches hechos en otros países sobre esas películas) podemos encontrar la libertad y la fantasía de nuestro precursor. Vemos que Quirino está ahí.

 

 

*  Para saber más sobre Quirino Cristiani: MI ABUELO, EL PRIMERO, Biografía y Anecdotario de Quirino Cristiani. Creador del Dibujo Animado (10 años antes que Walt Disney), de Héctor Cristiani. Editorial El Escriba. Se puede consultar en la Biblioteca del Museo del Cine.

 

 

pamela
pamgime@yahoo.com.ar